"Derribando muros"

 

En el mundo de hoy, observamos cómo en demasiados países proliferan las lógicas del repliegue y el rechazo: Las crisis migratorias, el Brexit, nuevos muros entre países, nacionalismos exacerbados…

Por eso debemos volver a dar fuerza a la cultura de la tolerancia. La tolerancia no es el relativismo o la indiferencia. Es un compromiso diario para buscar, en nuestra diversidad, los vínculos que unen a la humanidad.

La intolerancia nace a menudo de la ignorancia y del miedo: miedo a lo desconocido, al vecino, a culturas, naciones o religiones distintas. La intolerancia también surge de un sentido desproporcionado de lo propio, y de un orgullo personal, religioso o nacional exagerado y excluyente.

Los problemas que nos afectan son cada vez más globales pero las soluciones pueden ser locales, casi individuales. Ante una escalada de intolerancia, los gobiernos o las instituciones no pueden actuar solos. Todos formamos parte de la solución y tenemos una enorme fuerza a la hora de enfrentarnos a la intolerancia.

La no-violencia puede ser una herramienta muy efectiva para confrontar un problema, crear un movimiento, demostrar solidaridad con las víctimas de la intolerancia o desacreditar la propaganda fomentada por el odio.

Que cada uno de nosotros aporte lo que pueda para construir la paz en este mundo tan complejo.

Por eso estamos aquí reunidos, para recordar que todos juntos tenemos algo que decir contra la injusticia y la intolerancia. Que al menos nuestra presencia sirva para decir que nos importan todos aquellos que están sufriendo las consecuencias de todos estos problemas. Por ellos y por un mundo mejor.

Recordamos una cita del papa Francisco: “No miréis la vida desde el balcón. Implicaos allí donde estén los desafíos que os piden ayuda para llevar adelante la vida, la lucha a favor de la dignidad de las personas, la lucha contra la pobreza, la lucha por los valores. Pregunta a Jesús qué quiere de ti y sé valiente